Durante las primeras décadas del siglo XX, la actividad habilitada en 1890 se expandió de la mano del crecimiento económico y demográfico de Mendoza. El auge de la vitivinicultura convirtió a la provincia en el centro productivo de vino más importante del país, y con él llegó una vida social cada vez más activa en la temporada posterior a la cosecha.
Las salas de juego de salón, ya bajo supervisión provincial, pasaron a formar parte de la oferta social de hoteles y clubes frecuentados por bodegueros, comerciantes y visitantes de otras regiones. Este período coincidió con los primeros festejos que, con el tiempo, darían origen a la fiesta de la vendimia tal como se conoce hoy.
La prensa local de la época discutía con frecuencia el rol del Estado en esta actividad, sus beneficios fiscales y los riesgos sociales señalados por distintos sectores —un debate público que sentó las bases de la reforma posterior de 1925.