Dos historias que se cruzan
Es difícil entender el desarrollo social de Mendoza a comienzos del siglo XX sin mirar al mismo tiempo dos procesos que avanzaron de la mano: la consolidación de la vitivinicultura como motor económico de la provincia y la organización, bajo control provincial, de las salas de juego de salón. No se trata de una coincidencia menor. Ambas actividades respondían a una misma transformación de fondo: una provincia que crecía en población, en capital y en vida urbana, y que buscaba formas de organizar esa prosperidad.
La temporada de cosecha —la vendimia— no era solo un proceso productivo. Era también un momento social: bodegueros, comerciantes, autoridades y visitantes de otras provincias se encontraban en una temporada de celebración que, con los años, daría origen a la fiesta que hoy conocemos. Los hoteles y clubes donde se desarrollaba esa vida social eran, con frecuencia, los mismos espacios donde funcionaban las salas de juego habilitadas por la provincia.
La metáfora de la prensa
En la elaboración del vino, la prensa es el instrumento que extrae, con el paso del tiempo y la presión adecuada, lo mejor de la cosecha. Es una imagen que este archivo utiliza también para pensar la historia: los hitos institucionales de la industria del casino en Mendoza no aparecieron de un día para el otro, sino que fueron “prensados” lentamente por el contexto económico, social y político de cada época.
Así como la vendimia marca el ritmo del año agrícola mendocino, la historia regulatoria del casino marca el ritmo de las décadas: 1890, la década de 1900, 1925, y las sucesivas reformas que llevaron a la creación del IPJyC. Ambos procesos comparten la misma raíz: una provincia que decidió organizar institucionalmente su prosperidad, en lugar de dejarla sujeta al criterio cambiante de cada administración de turno.
Una identidad compartida
Hoy, cuando se piensa en la identidad de Mendoza, la primera imagen que aparece es la del vino y la fiesta de la vendimia. Pero esa identidad se construyó en un período histórico en el que la vida social de la provincia también incluía, de manera regulada y pública, las salas de juego provinciales. Documentar esta historia no es una curiosidad anecdótica: es una forma de entender con más profundidad cómo se organizó la vida pública mendocina en un momento clave de su desarrollo.