Hacia 1890, según las crónicas y registros administrativos consultados hasta el momento, Mendoza habría habilitado la primera sala de juego de salón bajo gestión directa del Estado provincial en el territorio argentino. A diferencia de otras ciudades del país, donde estas actividades funcionaban de manera informal o quedaban en manos de privados sin supervisión estatal, el gobierno mendocino asumió un rol activo de autorización y control.
Este antecedente surgió en un contexto de fuerte transformación: la llegada del ferrocarril, el crecimiento de la vitivinicultura y la llegada de inmigración europea habían generado una vida social urbana nueva, con demanda de espacios de esparcimiento asociados a hoteles y clubes de la ciudad.
El modelo mendocino de 1890 se apoyaba en la idea de que regular la actividad permitía, al mismo tiempo, controlarla y generar un ingreso fiscal destinado a obras públicas. Esta lógica anticipó por décadas el camino que luego seguirían otras provincias argentinas.